Mónica Alonso, vecina de Añaza de 49 años, comparte un testimonio profundamente emotivo de supervivencia y recuperación. Hace tres años sufrió un aneurisma que desencadenó un ictus isquémico con hemorragia cerebral grave, pasando varios meses en coma. Como secuelas quedó con daño cerebral en el lado izquierdo — afectando brazo, mano y pierna — además de fatiga crónica e insomnio que requería medicación.
El momento más impactante de su testimonio ocurre en la primera sesión de NESA: recuperó el recuerdo del movimiento de la mano izquierda que su cerebro había olvidado durante tres años, y pudo mover el pulgar. La emoción fue tan intensa que rompió a llorar sin poder parar — especialmente significativo porque también tenía dificultad para llorar como secuela neurológica. «Primero sentí el movimiento en la cabeza y luego me sobresalté porque creía que estaba moviendo la mano».
Con las sesiones fue mejorando la fatiga crónica, que describe como devastadora para el día a día y la rehabilitación, y la calidad del sueño mejoró significativamente tras retirarle la medicación para dormir. Tras 10 sesiones quedó muy contenta y recomienda NESA especialmente a personas con fatiga crónica y hemiplejia post-ictus.