
María González, fisioterapeuta y osteópata, presenta el caso de Andrea, también fisioterapeuta, que contactó con su clínica específicamente por la tecnología NESA para tratar las secuelas post-COVID.
Andrea fue asintomática durante el COVID pero a los 15 días de confinamiento desarrolló síncopes vasovagales — desmayos — que se repetían especialmente en situaciones sociales. Las pruebas médicas descartaron causa orgánica, apuntando a un origen autonómico vinculado a la ansiedad post-COVID. Combinó tratamiento psicológico con NESA, y define esta última como «el empujoncito que le faltaba»: estaba mejorando con las otras terapias pero no terminaba de recuperarse del todo.
Tras el tratamiento con NESA ha dejado de tener síncopes, ha recuperado el control sobre su vida diaria — entrenar, trabajar, hacer la compra sin mareos ni vértigos — y la ansiedad ha mejorado notablemente. El caso es especialmente significativo porque Andrea, como fisioterapeuta, llega con criterio clínico propio y decide apostar por NESA tras informarse, convirtiéndose ahora en defensora de formarse en la tecnología para aplicarla con sus propios pacientes.