José Francisco, paciente de 61 años, comparte un testimonio de recuperación extraordinaria tras un largo y frustrante peregrinaje médico. Su problema comenzó como una fascitis plantar que derivó en una cadena de tratamientos fallidos — corrección de pisada, infiltraciones, ondas de choque — hasta llegar a la cirugía, que empeoró su situación: tras la operación perdió sensibilidad en el cuarto y quinto dedo del pie y desarrolló dolor severo que le impedía caminar sin muletas. Su propio cirujano le mandó a la unidad del dolor y le dijo que se jubilara.
Llegó a la clínica de Fabiola gracias a su yerno, con muletas y sin esperanza. A partir de la tercera o cuarta sesión empezó a soltar la muleta progresivamente. La evolución tuvo altos y bajos pero la tendencia fue siempre ascendente, hasta llegar a olvidarse del pie por completo. Hoy sale a caminar diariamente con su mujer durante media hora o una hora, algo que antes era imposible.
Destaca con emoción el trato recibido en la clínica y que, a pesar de la distancia, merece la pena venir porque «la salud es lo primero». Un caso que ilustra el potencial de NESA en el dolor neuropático post-quirúrgico sin solución convencional.