La doctora Estela Lorenzo, ginecóloga especializada en endometriosis y dolor pélvico crónico, presenta el caso de Belén Gómez, una paciente con adenomiosis y un cuadro de dolor visceral crónico de larga evolución que, con el tiempo, había comenzado a generalizarse y a afectar de forma significativa a su calidad de vida. Según relata la paciente, los primeros síntomas aparecieron años atrás coincidiendo especialmente con la menstruación, en un contexto en el que durante mucho tiempo no se lograba identificar con claridad si el origen del problema era digestivo o ginecológico. Finalmente, tras un proceso largo y difícil, recibió el diagnóstico y comenzó un abordaje más dirigido.
Cuando llegó a consulta, Belén estaba pendiente de una cirugía, intervención que supuso una mejoría importante, aunque persistían síntomas relevantes como el dolor crónico, la fatiga, el mal descanso y alteraciones urinarias compatibles con una vejiga hiperactiva. Fue en este contexto cuando se incorporó un tratamiento de neuromodulación con NESA, combinado con terapia manual, con el objetivo de abordar tanto la dimensión neurológica del dolor como las alteraciones funcionales asociadas.
Según explica la paciente, las mejoras más evidentes aparecieron en el descanso nocturno y en la reducción de la urgencia urinaria, dejando de levantarse constantemente al baño. Además, el trabajo combinado también favoreció una mejor evolución del componente intestinal. En conjunto, Belén describe el tratamiento como una experiencia que le devolvió esperanza y le permitió entender que no es necesario resignarse a convivir con el dolor crónico.