Antonia Pérez Troya, enfermera de hospital e intensivos con 32 años de experiencia, comparte un testimonio doble y muy humano: el de profesional sanitaria que descubrió NESA buscando solución a su propia enfermedad crónica, y el de paciente que ahora la aplica a sus propios pacientes.
Hace dos años fue diagnosticada de cistitis intersticial, una patología crónica de difícil manejo que la obligó a construirse ella misma su equipo terapéutico. NESA le ha aportado especialmente en el control de la ansiedad y el estrés — su mente va «a 200 por hora» mientras el cuerpo no acompaña — y en la calidad del sueño: se acuesta y se queda dormida inmediatamente, cuando antes pasaba las noches levantándose continuamente al baño. El cambio emocional en su vida familiar ha sido, en sus propias palabras, impresionante.
Su caso clínico más llamativo es un paciente de casi 80 años con isquemia en pierna, lesión crónica y dolor continuo que le hacía estar irascible con todo. Tras tres sesiones de NESA duerme hasta 10 horas seguidas, ya no se queja al tocarle la lesión, y la familia nota el cambio de carácter: de nervioso e irritable a tranquilo y manejable.