Paloma Bustos, traumatóloga que descubrió NESA como paciente tras sufrir un accidente, está actualmente formando una unidad NESA en Andorra tras dejar la práctica hospitalaria convencional.
Su motivación para especializarse en sueño parte de una experiencia muy personal: los propios médicos y cirujanos, con guardias de 34-36 horas, sufren en primera persona el impacto devastador de la privación de sueño en su calidad de vida y rendimiento. Esta vivencia la convierte en una voz especialmente auténtica sobre el tema. Ha utilizado NESA con compañeros de trabajo con alteraciones del sueño por turnos y guardias, observando mejoras importantes en el descanso y la energía matutina.
Desde su perspectiva traumatológica, explica cómo el sueño y el estrés condicionan directamente la curación de tejidos: un paciente con sueño alterado no solo tarda más en recuperarse, sino que tiene mayor predisposición a lesiones repetitivas. El círculo vicioso es claro: la lesión genera estrés e insomnio, y el insomnio deteriora la capacidad reparadora de los tejidos y la respuesta emocional ante la lesión.
NESA aparece como herramienta para romper ese ciclo, mejorando el sueño, reduciendo el estrés asociado al traumatismo y optimizando la recuperación. Ella misma la utiliza personalmente en momentos de estrés elevado, y sus familiares han sido sus primeros casos de prueba.