José Antonio, empresario, comparte su experiencia como paciente con un insomnio progresivo que fue deteriorando su calidad de vida durante años. El estrés acumulado de dirigir una empresa de 8-10 personas fue reduciendo sus horas de sueño de 7-8 horas a apenas 5, con interrupciones constantes. La situación llegó al punto de tener que cambiar de cama con su mujer para no molestarla.
Su resistencia a la medicación para dormir — se define como «anti pastillas» — le dejó sin solución hasta que descubrió NESA. El cambio que describe tras 14-16 meses de uso es claro y sostenido: ha mejorado tanto en cantidad como en calidad del sueño, pero lo que más valora es el cambio en su estado al despertar: de levantarse excitado, nervioso y con agresividad a hacerlo tranquilo y relajado, una transformación que considera un recuperación de la calidad de vida que estaba perdiendo.
Un testimonio que refleja perfectamente el impacto del estrés empresarial crónico en el sueño y cómo NESA puede ser una alternativa real a la medicación.