
Lucía y Sara Manso, fisioterapeutas especializadas en terapia manual con muy poca electroterapia en su práctica habitual, descubrieron NESA a través de redes sociales y decidieron incorporarla como vía de tratamiento que antes no podían alcanzar, complementando su trabajo manual con diatermia con una herramienta de abordaje más global.
Su caso clínico más destacado es un paciente con dolor crónico de larga evolución y kinesiofobia — miedo al movimiento — que llevaba años en tratamiento. Desde que combinan terapia manual, ejercicio y NESA, el paciente reporta algo muy específico y significativo: la medicación antiinflamatoria le hace más efecto, cubriéndole mejor las horas que debería cubrir. Un indicador indirecto de que la regulación del sistema nervioso autónomo está mejorando la respuesta farmacológica.
Describen con precisión el perfil de paciente ideal para NESA: aquel con dolores intermitentes y cambiantes — hoy le duele una cosa, mañana otra — donde de fondo hay algo más general que no se está tratando y que perpetúa el círculo vicioso. Valoran especialmente que los pacientes que empiezan a mejorar con NESA se vuelven más optimistas respecto a su evolución, un cambio actitudinal que facilita todo el proceso terapéutico.