
Ana Danila, experta en neuromodulación NESA, presenta en este testimonio un caso clínico de gran complejidad: el de Ionuț, un joven de 23 años que, tras una meningitis meningocócica que derivó en un shock séptico, sufrió la amputación de sus cuatro miembros y afronta un largo proceso de recuperación, con heridas e injertos aún en evolución.
Explica que, ante una situación de tal envergadura, planteó la neuromodulación no invasiva como aliada dentro del abordaje del paciente, con varios objetivos. El primero, reducir el dolor, que el paciente describía en su nivel máximo y que, según relata, han logrado rebajar de forma notable. A ello se suma el trabajo sobre la cicatrización de las heridas y sobre la regeneración del tejido, con la vista puesta en que el paciente pueda llegar a recibir prótesis en manos y pies.
Ana comparte también la evolución en otros aspectos: una mejora del descanso —pasando de un sueño muy fragmentado a periodos de sueño más continuados—, menos dolor por las mañanas y un mejor estado anímico general. Relata asimismo que, en zonas donde antes no había sensibilidad, han empezado a observar señales de recuperación. Concluye expresando su compromiso de seguir acompañando al paciente hasta que esté en condiciones de recibir sus prótesis y recuperar una vida más independiente. Su testimonio refleja el acompañamiento de un caso humano excepcional y el papel de esta herramienta como apoyo en el manejo del dolor y el bienestar.