
En este testimonio, una paciente comparte su experiencia personal conviviendo con un insomnio crónico que arrastraba desde hacía casi treinta años. Relata con crudeza lo que supone la vida de una persona insomne: un problema que degenera en otros, como la irritabilidad o el desánimo, y que llega a condicionar aspectos cotidianos como viajar o compartir habitación.
Cuenta que a lo largo de los años había probado numerosas terapias farmacológicas y había acudido a distintos profesionales, sin encontrar una solución que no derivara en una dependencia creciente de la medicación. Llegó, según describe, a una situación de gran desesperación y con mucho escepticismo cuando, en 2021, comenzó la neuromodulación no invasiva.
Relata que, pasados unos tres meses, empezó a notar una mejoría: dormía más horas y con mejor calidad de sueño, lo que le permitió ir reduciendo progresivamente la medicación. Con un esquema de sesiones que fue espaciando hasta una mensual de mantenimiento, describe haber recuperado algo muy valioso para ella: perder el miedo a acostarse y poder dormir varias horas seguidas, levantándose feliz. Subraya además que se trata de un tratamiento indoloro y sin efectos secundarios, y, aun reconociendo que mantiene algún bache, anima a otras personas con insomnio crónico a conocer su experiencia.