Isabel Morais tiene 65 años y es paciente de la clínica de la fisioterapeuta María González desde hace trece años, a la que acudía habitualmente por problemas de espalda, hernias discales y contracturas. Comparte en este testimonio su experiencia personal conviviendo con una enfermedad rara —una glucogenosis tipo V— cuyo síntoma principal es una fatiga crónica que afecta a la flexibilidad muscular, favorece las contracturas y le restaba la energía necesaria para afrontar su día a día.
Relata que, cuando la profesional incorporó la neuromodulación no invasiva, le propuso probarla con la fatiga como objetivo principal, junto al dolor y el descanso, y con un seguimiento mediante distintas valoraciones para objetivar los resultados. Isabel cuenta que hacia la quinta sesión empezó a notar una mejoría clara: menos cansancio, mejor ánimo y también menos dolor.
Describe cómo ese cambio ha repercutido en su vida cotidiana, permitiéndole abordar sus tareas con más energía y alegría, e incluso proponerse nuevas actividades. Explica que sigue un mantenimiento, aumentando la frecuencia de las sesiones en los momentos de mayor fatiga. Para ella, lo más valioso es la tranquilidad de contar con un recurso al que recurrir cuando el cansancio reaparece, algo que vive con esperanza. Concluye expresando su deseo de compartir su experiencia con otras personas que conviven con la fatiga crónica.