
María González, fisioterapeuta y osteópata, presenta en este vídeo un caso clínico de suelo pélvico dirigido a otros profesionales. Se trata de un varón de unos 40 años que, tras una intervención de fístula anal, arrastraba un dolor perineal persistente que no remitía y que fue diagnosticado como un síndrome del elevador del ano.
Explica que, aunque el paciente se trataba en consulta de esa afección, pronto observaron que el abordaje no podía quedarse ahí, ya que él mismo relacionaba su cuadro con situaciones de estrés, ansiedad y preocupaciones. Detalla que la exploración mejoraba, pero que llegó un punto en que el síntoma solo desaparecía en posición tumbada. Sin llegar a diagnosticar una neuropatía del pudendo —al no cumplir los criterios de Nantes—, plantearon un tratamiento de fisioterapia indicado para el caso, sumando la neuromodulación no invasiva para el abordaje del dolor crónico y la sintomatología asociada a las raíces del nervio pudendo.
Según relata, el paciente experimentó una mejoría importante en su dolor musculoesquelético y en la sintomatología de las raíces S2-S4, y también, como beneficio secundario, en su estrés y ansiedad, lo que le permitió descansar mejor y recuperar calidad de vida tras un largo periodo sin encontrar solución. María concluye ofreciendo el caso como material de reflexión para otros compañeros que atienden a pacientes con sintomatología similar.