Ana tiene 33 años y es maestra de música. Hace una década le diagnosticaron un síndrome compartimental que le provocaba un dolor intenso en los brazos, especialmente el derecho, hasta el punto de impedirle tocar sus instrumentos y realizar tareas cotidianas. Tras años acudiendo a distintos profesionales con consejos contradictorios, llegó a la consulta de la fisioterapeuta Aída Sabina, quien le planteó un abordaje orientado no solo a aliviar el dolor del día a día, sino a trabajar el origen del problema a través de la neuromodulación no invasiva.
En este testimonio relata que, al actuar sobre el sistema nervioso autónomo, fue notando una mejoría progresiva: menos dolor y mayor movilidad. El punto de inflexión llegó cuando, coincidiendo con un episodio de ansiedad, se incorporó también ese aspecto al tratamiento. A partir de entonces describe un cambio importante, sintiéndose más tranquila, descansando mucho mejor y percibiendo cómo los dolores iban remitiendo.
Ana subraya el valor que tiene para ella dormir bien, algo esencial por las exigencias de su trabajo, y cuenta que ha podido compaginar esta experiencia con apoyo psicológico. Concluye recomendando su experiencia a personas con insomnio, estrés o dolor persistente, destacando que se trata de un tratamiento no invasivo, indoloro y que vive en un entorno de calma y relajación.