Andrea tiene 39 años, es educadora social y trabaja en un centro de menores. Comparte en este testimonio su experiencia personal tras arrastrar durante mucho tiempo un dolor en el brazo que le irradiaba y que llegó a condicionar su día a día: le costaba coger a su hija pequeña, le molestaba incluso al cambiar de marcha en el coche y tuvo que dejar de entrenar y de hacer fuerza con ese brazo. Cuenta que había pasado por distintos fisioterapeutas, que atribuían la molestia a una lactancia prolongada, una explicación que a ella no terminaba de convencerle.
Relata que, al llegar a la consulta de la fisioterapeuta Aida Sabina, comenzó un tratamiento con neuromodulación no invasiva. Describe una mejoría progresiva: hacia la quinta sesión empezó a notar cómo disminuía la intensidad del dolor, y a mitad del proceso la mejora ya era clara, hasta sentir hoy el brazo completamente recuperado.
A lo largo del proceso se abordó también el estrés asociado a su entorno laboral y familiar, que se relacionaba con esa misma molestia. Andrea destaca además cómo ha mejorado su descanso, durmiendo de forma más profunda y despertando más relajada las noches posteriores a las sesiones. Actualmente acude de manera puntual, a modo de mantenimiento, para seguir gestionando esos niveles de estrés.